¿Fogosidad o experiencia?

A pesar de cine, de lo que te digan las amigas, yo me quedo con....

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El cine es lo que es y tiene lo que tiene. Mucho de real, mucho de imaginario y mucho del imaginario colectivo. Digamos que así, en frío, es fácil comprender y defender el argumento chica joven casada con señor mayor acaba en brazos de fogoso jovencito, pero no nos engañemos, fogoso jovencito no es garantía de éxito, ni parecido. Entiéndeme, no es garantía de éxito para ti, él seguro que da todo por triunfo. Da por triunfo llevarse la chica (o a esta madurita) al huerto y da por triunfo la bajada de bandera y da por triunfo su potente orgasmo. Pero ¿y tú? ¿Qué te llevas?

Ah! pero ponte tú a discutirle a una amiga que un jovencito tiene una resistencia mayor y que con eso tiene mucho ganado. Pues, querida, me vas a perdonar. Sacude ante mi otros argumentos como la belleza de la juventud, la suavidad, el tacto, las formas de un cuerpo joven y la ausencia (no garantizada) de una barriguita cuarentona, pero ¿resistencia? La resistencia es un entrenamiento y por tanto un saber, una práctica, como salir de copas, que una lo deja unos años y cuando vuelve se siente vieja aunque siga estando en la veintena. Falta de entrenamiento. La verdad es que en la franja de los cuarenta y los cincuenta se encuentran muchos más triunfos compartidos. Por el entrenamiento, por la formación, por la experiencia, por…

por experiencia te puedo decir que la fogosidad por debajo de los treinta es un engorro, algo atropellado, torpe, egoísta, y normalmente excesivamente rápido y sin contemplaciones, una sobreexcitación de rápido y breve desarrollo, en general, que vale para un apaño -no digo que no- pero no para la exigencia que una desarrolla por ensayo y error. Ahora, cuando van pasando los años por un hombre y va descubriendo nuestro cuerpo, nuestros cuerpos, nuestras manos, y discurre por nuestros distintos modos de vibrar, de sentir, por nuestra variedad de exigencias, de modos de alcanzar un orgasmo, aprende de forma natural a ser generoso, entregado, hábil y … certero. Entrenamiento, por supuesto, y aprendizaje. Y curiosidad. Pero sobre todo generosidad y mucho interés. Por experiencia sé que un hombre entrenado no se siente satisfecho si no satisface. Una meta de madurez sexual. Aquí o venimos a disfrutar todos o tiro el dildo al río. Y en todo caso se sabe los trucos, es más delicado, entregado, sincero, certero y se preocupa más por el auténtico triunfo, el triunfo de conseguir que una experiencia, sea como sea como pactéis o aceptéis, sea lo que tiene que ser. Luego están los prejuicios de cada uno o cómo es de moldeable, de adaptable un jovencito, pero para trabajo ya tiene una la de las letras todos los días como para ponerse a enseñarle a un fogoso jovencito con la llama enhiesta “no, así no”, “espera, espera”, “más suave”, “cuidado con eso, majo“. Una lata, la verdad.

RecomendadoPorque los sueños sueños son. Casi siempre.

Cuando una llega a cierta edad (y ya desde un número no demasiado grande de cuerpos en su vida) si puede elegir prefiere siempre no tener que andar explicando según qué cosas y se decanta más por esa complicidad y esas reglas que se establecen en el tacto ya en el primer roce de los labios y los primeros movimientos de la lengua, porque sabe que no se tirará al río sin haber dejado correr el cauce y nadará entre tus aguas con la intensidad el ritmo y la constancia adecuada. Y lo de la resistencia, un mito. En la madurez un hombre encuentra el interés, con el interés el control y con él la resistencia. Lo demás pertenece al imaginario colectivo y lo que no nos cuenta el cine, porque se suele quedar en el inmediato final, en el dramático abandono, es lo que le dura el jovencito a la chica en la vida real, el tiempo que ella tarda en volver sobre sus pasos o en buscar un sustituto más entregado y detallista, más experimentado o más profesional. Más maduro vamos. Porque todas hemos tenido ese momento imaginario con el cuerpo del socorrista de la piscina que hasta podía ser gracioso pero que háblale tú de Woody Allen, de Paul Auster… y no te digo ya de Michel Houellebecq.

Claro que todo depende de lo que busques. ¿Un apaño rápido y poco comprometido? Pues ya sabes, nena. Ahora, para un fin de semana de pasión placentero, incluso para una vida compartida, yo me quedo con cierta madurez. Ofrece muchas más garantías. Y sabrá perfectamente que esa cuidada colección de deliciosa lencería es de La Perla, de Sarrieri o de Lascivious y por tanto no se arranca, no nene, no, como en el cine.

Imágenes de la colección de Lasciviuos Lingerie Otoño Invierno de 2012

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Hay una belleza especial en el tacto, en la piel, en el cuerpo, en el calor del otro. El placer de amar, del deseo. Una especia intensa.

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